sábado, 9 de mayo de 2009

Darle la mano izquierda a un ladrón

“No te asustés”, me dijo el hombre de gorra vieja y ropas andrajosas, de barba y bigotes apenas cortados, de unos 35 años escondidos detrás de una cara demacrada, ropas rotas y manos sucias. Me lo dijo en la esquina de Patagones y Zabaleta en Parque Patricios que busqué pues en ella, me dijo el heladero, se detenía el colectivo 118 que me sirve para volver a casa. Hubiera podido tomar el subte que tomé para llegar o hubiera podido buscar el colectivo en la avenida Caseros, que cuenta con mayor flujo de personas y en consecuencia algo más de seguridad. Pero recién habiendo comprado un helado me dejé llevar por la información del heladero, que siendo honestos, hace un delicioso helado y no hizo otra cosa que responder a mi pregunta… ¿Dónde para el 118?

Justo al llegar a la esquina una mujer esperaba también el colectivo, pero ella, mucho más inteligente y despierta que yo supo alejarse rápido al ver al personaje que entraba en escena. Yo, crucé la calle sabiendo que ya era demasiado tarde, temiendo que el tipo me persiguiera con algún tipo de arma blanca. Como un minino esperando ser devorado por un León ni me alejé ni corrí, esperé a que el hombre me hablara, y lo hizo.

“Vení, ¡Ayudáme!”
“Lo siento hombre, no veo como”
“¿De donde sos?”
“Colombiano”
“Aguante Colombia”

Mientras hablábamos mi tendencia era lentamente dar pasos mínimos, tratar de dar rumbo hacia avenida Caseros que cuenta con más gente. Él, notando mi incomodidad y miedo me repetía...

“No te asustés ché”
y me extendía la mano…

Con el cono de helado de “Frutilla a la reina” -que ya había olvidado grandioso- en mi mano derecha, sólo pude extender dubitativamente mi mano izquierda, lentamente, con miedo. El hombre veía mis reacciones y decía “claro, yo con estas ropas y manos sucias”, pero aún así se la dí, al menos la izquierda. El prosiguió, exponiendo su caso…

“Mirá, yo soy ladrón, pero a vos no te voy a robar…”

Puse mi mano izquierda en el pecho y dije “por favor no”

“No te voy a robar, voy a confiar en vos. Con que no me pongas en cana, todo bien”

“Gracias”

“Mirá, acabo de robarme dos paquetes de cigarrillos así de grandes…”
Su señalización indicaba que los paquetes eran grandes, hasta la rodilla dejaba entender su gesto.

“…y tengo un remis aquí a dos cuadras, necesito que me ayudés a pagarlo. Soy ladrón, pero no de esos que te roba el reloj, pero necesito que me ayudés..”

De haber tenido a la mano un par de pesos, o un peso, o ALGO que no implicara sacar mi billetera o abrir mi maleta se los hubiera dado, pero no era el caso, así pues respondí que no veía como podía ayudarle.

“Vamo che, unas moneditas, algo”
“Lo siento hombre, tengo apenas lo que me cuesta el colectivo”
“Ché, colaboráme”

Sus gestos indicaban que la paciencia se le estaba acabando, y yo no podía sino pensar en que soldado avisado, sólo por idiota, muere en guerra. El hombre levantó la vista y se alejó de repente. Volteé mi cara y venía a mas o menos una cuadra un policía. Tantas veces les dije cerdos, y bueno, en ese momento me arrepentí, no porque no sean tremendamente arbitrarios o abusivos en muchos casos, pero porque claramente este me había salvado en ese momento de un electroshock de naturaleza de hurrrrrto.

Pensé en si debía ir a decirle al policía que el tipo acababa de robarse un par de enormes paquetes de cigarrillos, pensé en que el tipo me había dicho “voy a confiar en vos”, pensé en que a ese barrio tendré que volver durante mas o menos seis meses de mi estadía en Buenos Aires… Pensé hasta que escuché los frenos de un colectivo, el 118; corrí, le rogué con gestos al chofer que se detuviera pues ya estaba en marcha, y lo hizo. Con el corazón a mil subí al bus, no habiéndole dicho nada al policía que creo debió pensar, al ver al hombre alejarse rápido y a mi correr tras el bus, que le estaba comprando drogas.

Sólo espero que de mis errores me queden lecciones, y que los paquetes de cigarrillos no se los haya robado al primer hombre a quien le hablé después de llegar al barrio esta tarde, dueño de un kiosko que con tremenda amabilidad me comentó de los problemas de inseguridad del sector…

2 comentarios:

Lina Cepero dijo...

¿Será que sí te iba a hacer algo? ¿se puso rudo después? Cuando yo estaba allá, había un violador en recoleta y yo ni me inmutaba caminando a las 4 am en busca de mi daily Tofi. A uno se le olvida, tipica foreign experience :s

Y bueno, si tienes que pasar por ahí después, sin miedo, fijo te reconoce, y en cualquier otro caso, buena onda, porque eso sí, en esas situaciones, sólo se puede ser buena onda. Aunque también hay que saber correr.

Me alegro por tu esquivada del robo-peligro :)

Mariana dijo...

Uyuyuy. Te conté que trataron de robar a mi madre y a Jorge con tinta otra vez? Uyuyuyuy, Parque Patricios quickly showing its colors. The green reporter starts ripening. Buena crónica, che.