martes, 16 de junio de 2009

Creación colectiva de desespero: controlada

Tuve una semana pesada hace 3 semanas,
pensé que estaba perdiendo perspectiva,
que era débil.

Tiempo ha pasado, y veo que a mi edad,
si bien soy susceptible a dudar,
también lo soy al análisis,
a ensayar una adaptación.

Veo gente a mi alrededor cambiar sus posturas,
yo mismo siento cambiar en las mías,
veo gente a mi alrededor extrañar tanto su tierra que duele.

No porque sus países sean "no extrañables",
pero porque en otro momento de su vida
tendrían esta capacidad que tengo
de adaptarse, aceptar rumbos y decisiones,
vivir.

domingo, 14 de junio de 2009

Furiosa

Está furiosa esta población,
consigo.

Las sonrisas en la calle son oro.

¿Vale la pena sufrir o sonreír e ignorar?

Sonreír sufriendo, en el medio de la razón.

comportamiento

Me gusta la música.
Me gusta la música que me lleva a lugares: emocionales, o rítmicos.
No a todos mis conocidos les gusta la música que a mí me gusta.

En un cuarto estamos, representación de todos hay,
la música tiene que fluir,
se tiene que aceptar.

idiomas son amores y no buenas razones

Somos todos intolerantes
un balde o una gota.

domingo, 24 de mayo de 2009

De rótulos y otros demonios...

Hoy día es imposible dividirse de la Universidad a la cual se asiste. Yo, por ejemplo, voy a la universidad de San Andrés, en Buenos Aires. Allí curso un a maestría en periodismo.

La gente con la que hablo me pregunta a qué universidad voy, esperando que responda UBA, universidad pública, gratuita, de gran calidad que innegablemente también tiene sus problemas. Pero mi respuesta es distinta, opuesta incluso; voy a una universidad costosa, a una de las más elitistas de la ciudad.

El precio es elitista, no hay la menor duda, pero si voy es en respuesta a una oportunidad única, a un apoyo que recibiré una vez en mi vida. Si voy es porque puedo darme este lujo hoy, ahora, sin que signifique que mi vida sea de lujos, excesos o elitismos. No necesito explicarme, pero me gusta poner las cosas en contexto.

Entonces, apenas respondo la verdad, los rostros de la gente que me pregunta cambian. De un tipo cualquiera me transformo a sus ojos en un cerdo elitista. Curioso este mundo que decide por una información imponer estampas a la gente. Me dicen luego “es muy cara”, me dicen luego “solo va cierto tipo de gente”, me dicen, me dicen, me dicen… Prefiero en este punto omitir lo que me dicen, si nada bueno va a salir de ello. Puedo pecar de optimista en este actuar, pero lo generalizo, si lo que converso no me sirve de nada, prefiero no conversar.

Sin embargo yo lo hago también, impongo estampas, pero soy más reservado a la hora de expresarlas. Me gusta, antes de sacar mi opinión al aire, de donde es difícil devolverla, entender el contexto y la persona, conocerla o ilustrarme. Y si no la conozco, no emito mi juicio; si no llega el contexto, puede que me quede con mi impresión, pero no estaré lo suficientemente convencido como para verbalizarla.

No sé si sea el único que pretende tener algo de coherencia al expresarse, no lo creo, pero a veces en la marcha del día a día se siente el lugar común en que la opinión apresurada cuenta sobre la opinión formada, en que el impulso de crear y justificar las propias percepciones tiene más lugar en el estadio del afuera que en del adentro.

Ni siquiera reconozco de dónde surgen estas palabras, pero me la puedo jugar diciendo que parten del prejuicio que tengo contra quienes expresan y luego piensan. Les he impuesto mi estampa, les he dado un rótulo, pero como muchos de ellos puedo volver todo a la calma con un diplomático: “¿Qué se sho?”.

sábado, 9 de mayo de 2009

Darle la mano izquierda a un ladrón

“No te asustés”, me dijo el hombre de gorra vieja y ropas andrajosas, de barba y bigotes apenas cortados, de unos 35 años escondidos detrás de una cara demacrada, ropas rotas y manos sucias. Me lo dijo en la esquina de Patagones y Zabaleta en Parque Patricios que busqué pues en ella, me dijo el heladero, se detenía el colectivo 118 que me sirve para volver a casa. Hubiera podido tomar el subte que tomé para llegar o hubiera podido buscar el colectivo en la avenida Caseros, que cuenta con mayor flujo de personas y en consecuencia algo más de seguridad. Pero recién habiendo comprado un helado me dejé llevar por la información del heladero, que siendo honestos, hace un delicioso helado y no hizo otra cosa que responder a mi pregunta… ¿Dónde para el 118?

Justo al llegar a la esquina una mujer esperaba también el colectivo, pero ella, mucho más inteligente y despierta que yo supo alejarse rápido al ver al personaje que entraba en escena. Yo, crucé la calle sabiendo que ya era demasiado tarde, temiendo que el tipo me persiguiera con algún tipo de arma blanca. Como un minino esperando ser devorado por un León ni me alejé ni corrí, esperé a que el hombre me hablara, y lo hizo.

“Vení, ¡Ayudáme!”
“Lo siento hombre, no veo como”
“¿De donde sos?”
“Colombiano”
“Aguante Colombia”

Mientras hablábamos mi tendencia era lentamente dar pasos mínimos, tratar de dar rumbo hacia avenida Caseros que cuenta con más gente. Él, notando mi incomodidad y miedo me repetía...

“No te asustés ché”
y me extendía la mano…

Con el cono de helado de “Frutilla a la reina” -que ya había olvidado grandioso- en mi mano derecha, sólo pude extender dubitativamente mi mano izquierda, lentamente, con miedo. El hombre veía mis reacciones y decía “claro, yo con estas ropas y manos sucias”, pero aún así se la dí, al menos la izquierda. El prosiguió, exponiendo su caso…

“Mirá, yo soy ladrón, pero a vos no te voy a robar…”

Puse mi mano izquierda en el pecho y dije “por favor no”

“No te voy a robar, voy a confiar en vos. Con que no me pongas en cana, todo bien”

“Gracias”

“Mirá, acabo de robarme dos paquetes de cigarrillos así de grandes…”
Su señalización indicaba que los paquetes eran grandes, hasta la rodilla dejaba entender su gesto.

“…y tengo un remis aquí a dos cuadras, necesito que me ayudés a pagarlo. Soy ladrón, pero no de esos que te roba el reloj, pero necesito que me ayudés..”

De haber tenido a la mano un par de pesos, o un peso, o ALGO que no implicara sacar mi billetera o abrir mi maleta se los hubiera dado, pero no era el caso, así pues respondí que no veía como podía ayudarle.

“Vamo che, unas moneditas, algo”
“Lo siento hombre, tengo apenas lo que me cuesta el colectivo”
“Ché, colaboráme”

Sus gestos indicaban que la paciencia se le estaba acabando, y yo no podía sino pensar en que soldado avisado, sólo por idiota, muere en guerra. El hombre levantó la vista y se alejó de repente. Volteé mi cara y venía a mas o menos una cuadra un policía. Tantas veces les dije cerdos, y bueno, en ese momento me arrepentí, no porque no sean tremendamente arbitrarios o abusivos en muchos casos, pero porque claramente este me había salvado en ese momento de un electroshock de naturaleza de hurrrrrto.

Pensé en si debía ir a decirle al policía que el tipo acababa de robarse un par de enormes paquetes de cigarrillos, pensé en que el tipo me había dicho “voy a confiar en vos”, pensé en que a ese barrio tendré que volver durante mas o menos seis meses de mi estadía en Buenos Aires… Pensé hasta que escuché los frenos de un colectivo, el 118; corrí, le rogué con gestos al chofer que se detuviera pues ya estaba en marcha, y lo hizo. Con el corazón a mil subí al bus, no habiéndole dicho nada al policía que creo debió pensar, al ver al hombre alejarse rápido y a mi correr tras el bus, que le estaba comprando drogas.

Sólo espero que de mis errores me queden lecciones, y que los paquetes de cigarrillos no se los haya robado al primer hombre a quien le hablé después de llegar al barrio esta tarde, dueño de un kiosko que con tremenda amabilidad me comentó de los problemas de inseguridad del sector…

sábado, 2 de mayo de 2009

De públicos y conciertos...

Llevo un mes en Buenos Aires. Un mes y diez días muy felices en los cuales no olvido a mi gente pero en los cuales tampoco a ella me aferro. He tenido la oportunidad de asistir a tres conciertos que me han reflejado, en contraste, las virtudes de cada público, a aclarar: el colombiano y el argentino.

Curioso resulta ver la manera en que se viven aquí los conciertos, teniendo en cuenta que es una plaza a la cual por décadas han venido artistas de primera línea. Resulta a primera impresión, por ejemplo, extraño ver que el baile no es una opción muy considerada en los conciertos. Claro, esta observación parte de mi tendencia personal, que es bailar como parte de gozar la música, moverme al ritmo que me otorguen el artista y su música sin sacrificar mi apreciación del sonido. Bailar como apreciación del talento, del espectáculo.

Si bien no puedo decir que toda la gente en Colombia comparte mi manera de vivir un concierto, sí puedo decir que el porcentaje de "bailadores" es mucho mayor. Aquí la gente parece moverse al escuchar el Hit, el sencillo de la radio. No significa esto que no aprecien, es clásico que aplaudan mucho y apliquen su cántico "eeeee eeoo eeeeeeoooooo, eeeee eeoo eeeeoooo" como síntoma de apreciación (que no es menor, es lindo verlo suceder) pero algo pasa, hay algo frío, que a mi manera de ver no responde del todo al artista, a la música y al movimiento al que invita.

En Colombia, por responder mucho al artista cruzamos la raya. Tenemos el influjo caribe (por más capitalinos que seamos) y somos atropelladores. Entonces sí, reaccionamos lindo, hacemos bulla y los artistas lo notan. Somos un público especial con el artista, pero no respetuoso del "otro", de ese que está al lado nuestro, de ese que pagó una distinta boleta, de ese que por más que disfrute el mismo grupo que nosotros no podemos observar como hermano. Así pues lo pisamos y lo agredimos.

El panorama es extraño, ambos lugares tienen plus y contras. Este blog nace desde mi percepción de que un concierto es un partido de fútbol en el que no hay hinchada rival y toda la gente asistente presencia una goleada de 20-0. Cada gol de una belleza tan especial que no se puede dejar de celebrar; si bien siento que a veces hay gente que asume la goleada, o que simplemente no puede/quiere celebrar, me gusta observar y discutir la diferencia del otro tratando de respetarla.

No pretendo que la gente baile como yo (aunque confieso me gustaría sentirme menos alienígena a veces), sólo pretendo entender el lugar en el que estoy y en cómo vive las cosas que a mí me fascina vivir.

sábado, 11 de abril de 2009

Claro, Seguro es la crisis... Pero del Catolicismo!

En el Espectador leemos con motivo de Semana Santa un artículo sobre cómo han bajado los niveles de donaciones de la gente para con la iglesia católica. Escandalizados nos dicen los contadores del clero que una reducción de más del 75% ha sucedido en los últimos meses y nos cuentan de cómo sufren las misiones evangelizadoras, de cómo en el final sufrirán las familias que de estas prácticas se benefician. No niego que haya curas que llevan acabo una buena labor (al menos uno conozco), que siguen o tratan de promover valores más humanos y justos, pero conociendo los autos en que se mueven las cabezas del clero, sabiendo de la ostentosa naturaleza de las casas en las que viven, desde Roma hasta Timbuktú (Colombia claramente no siendo la excepción), teniendo en cuenta las atroces distorsiones que han dado a la palabra del Jesús que los guía me es imposible sentir tristeza. Quizás es hora de que revisen bien qué representan y cómo lo vienen haciendo, quizás es ya hora de que el Papa comience a desvestirse de los mantos de oro en los que se arropa y haga bien su trabajo, comparta con el prójimo, viva la vida austera de su Jefe en mínima muestra de entendimiento de su mensaje. Es mucho pedir, sin duda, pero se empieza por eso, pedirlo, pedirlo en masa.

Se atribuye primordialmente el dato a que la crisis económica golpea fuerte al país y que dada la fuerte dependencia frente a las donaciones de la Bolsa de Valores es apenas normal que estas hayan caído en picada. Esto me hace pensar que sin duda debe ser eso porque aun somos muy ignorantes como pueblo para castigarles el bolsillo por tener un papa que habla sobre cómo el condón en África es pecado (entre otras Bushezcas intervenciones), por flagrantemente tratar de encubrir curas alrededor del mundo que violan repetidas veces a sus capellanes, por darle promoción en altas esferas a curas que osan negar el holocausto. Muchos factores que incluso desde le punto de vista de Marketing y Relaciones públicas son crasamente estúpidos. Si no los castigamos por corruptos, ¡al menos seamos capaces de hacerlo por estúpidos!

Por otro lado, no sabiendo qué más recomendar, o mejor qué más prohibir - el cuento de la carne el viernes santo ya está más que establecido - enfilan sus baterías hacia otros horizontes; las autoridades eclesiásticas recomendaron esta semana santa hacer un ayuno de tecnología como muestra de sacrificio en este "mundo moderno" que tan rápido avanza. Hay que aclarar que al menos tuvieron la delicadeza de sólo recomendarla durante semana santa dando visos de que se están poniendo cuidadosos sobre en qué medida deben pedir algo (papa, africa, ¡por dios!). No resulta raro entender que ven en la revolución digital una amenaza grande, un acceso al libre pensamiento y de todo lo que este puede representar: generación de autonomía, liberación de los yugos, cuestionamiento entre otras consecuencias. Me arriesgo a pensar que si fuera por ellos los computadores del mundo y la cultura digital deberían ser quemados, y que no tienen visión social estratégica para verlos siquiera como herramienta sino reduccionistamente como una funesta forma de herejía. Al menos se lo están guardando con algo más de reserva, con algo más de mínima inteligencia.

Me gustaría pensar que el mundo se está despertando y está depositando más peso en pensar sus propias decisiones que en las que "Il Creatore" puede haber dispuesto en el Plan Maestro, me gustaría pensar que esta reducción en las ofrendas, en los alquileres de balcón en el cielo obedecen a ese despertar pero reconozco que es algo demasiado optimista para ser cierto; por lo pronto me limito a expresar el punto de vista de alguien que crée más en el ser humano y su fe interna que en los designios de personas que ni siquiera en el ejemplo guían a quienes pretenden controlar.